La clase es de tarde y algo está a punto de salir maravillosamente mal. Veintiséis cosas cuelgan en el aire aquí, más que en cualquier otro mundo, así que las velas y los faroles con cadena flotan de verdad en vez de posarse. Coloca los pupitres, escribe la pizarra, y deja luego que el aula se llene desde el techo hacia abajo.
Pon un tarro en un pupitre y viaja con el pupitre. Muévelo después y el caldero, la varita y el tarro de algo brillante van todos con él. Empuja la escoba detrás de los estantes y se queda detrás, así el aula tiene última fila.
Luego pon la noche. Veintiuna luces, y las velas flotantes son de verdad: recortan pequeños agujeros cálidos en la oscuridad mientras la ventana alta se queda con el cielo. Apaga una y ese rincón del aula se calla.
Aquí no se pone nota, que es el chiste, y no hay nada que entregar.
















































