Con un pajar, la gente lo convirtió en un hogar: una abuela tejiendo en una mecedora, niños jugando sobre las tablas, mientras los unicornios se quedan con la planta baja, los cubos y los cepillos. Sin pajar, la habitación se vuelve una guardería de animales, con un potrillo dormido en una alfombra arcoíris y conejitos y gatos paseando entre las balas. Y un establo puede salirse de sus paredes, hasta las jardineras sobre el césped.
Mira al potrillo de la alfombra antes de decidir dónde dormirá el tuyo.









