Las mesitas y las sillitas están ahí, y los niños casi no les hacen caso. Acaban en el suelo, levantando torres de bloques, leyendo en la alfombra, dibujando tumbados boca abajo. En más de un aula hay un niño dormido en el sofacito rojo con un osito, y la maestra está en algún lugar en medio de todo, arrodillada o leyendo en voz alta. Las paredes llevan casi siempre un reloj, los dibujos colgados con pinzas y las perchas de los abrigos.
La merienda, por lo visto, también se toma en el suelo.











